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BLOG #BarraLibre: ‘Otra vez’, por Javier Montoya Lozano

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Otra vez vuelve el fútbol. Siempre vuelve, al rescate del verano. Por mucho que alguno en primavera acabara saturado. Por mucha Eurocopa y por muchos Juegos Olímpicos. Por muchas pandemias que vayan y vengan, que compriman la Liga en el calendario. Acaba volviendo, cuando se puede pero vuelve siempre. Tras guerras y virus, dando luz a la oscuridad previa. Porque no tenemos instrucciones para vivir sin él.

Otra vez sin fútbol en agosto no podíamos estar, ni podríamos esperar. Es un reencuentro difícil y esperado a la vez para los futboleros, que viven incansables la espera entre una temporada y otra. El fútbol, la Liga, Pichichi, Zamora… Ideas recurrentes en sus mentes que cuando les venían hacían que sonrieran. Ahora se acabó la espera y ven todo con otros ojos: atisban cercano, en la mano, lo que antes veían lejano; más allá de los límites de la particular experiencia.

Otra vez objetivos importantes que cumplir: las previas, los partidos. Será complicado, no nos lo ponen fácil por ejemplo para ir al estadio. Muchos nos sentimos en cierto modo estafados, ya desde la renovación del abono. Abusos los justos. Pero sería increíble si esto volviera a la pureza de hace años, si dejara de ser un negocio cruel, que te arrebata ídolos y los manda con equipos poderosos, más económica que deportivamente.

Otra vez se va Messi. Pero esta vez sí se fue, como Chanquete. Y todos los culés son Pancho, gritando amargamente porque otra vez se acaba el verano y esta vez les pilla sin ropa de abrigo. Son muchos días, meses y años compartidos. Aficionados que se van, más como Chanquete que como Messi, para siempre, para no volver. Con o sin coronavirus.

Otra vez arranques de sinceridad mientras ves un partido, de los que luego te arrepientes. Los que blasfemaron a Sadiq antes lo hicieron con Charles o Ulloa. Porque ellos son mejores, nunca fallan. Los locos siempre son otros. Y parece natural reencontrarnos con todos. Con amigos, enemigos, adversarios y compañeros unidos por la intensidad de los momentos que nos da el fútbol: un respiro como el viento, caer como la lluvia y levantarse con la corriente. Sólo hace falta la paciencia de las olas, que van y vienen y fluyen. Una y otra vez y otra vez y otra vez…

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