
Noticias descatadas del Deporte Almeriense
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Quedan 4 jornadas por disputarse (12 puntos en juego) para la finalización de la competición ligera en Segunda División. En estos momento la UDA ocupa el segundo puesto de la tabla clasificatoria a un solo punto del primero y esto le da derecho a subir directamente a Primera División. Inmejorable situación que se refuerza aún más con el “pinchazo” del tercer clasificado, el Valladolid en la última jornada y que le aleja 4 puntos del objetivo del ascenso directo.
Estas últimas jornadas se caracterizan por estar cargadas de mucha tensión tanto en el campo, como en los banquillos como en la grada. Partidos que se complican, toma de decisiones en erróneas, juego deslabazado….. Esto es lo que nos vamos a encontrar de aquí a que termine la temporada.
Y ahí un aspecto que toma especial relevancia en estas fechas, se trata de la presión. Hasta hace pocos años, este tipo de aspectos “mentales” no eran tenidos en cuenta como ocurre en estos tiempos. “¿Cómo van a tener presión chicos/as que hacen deporte con el dineral que ganan?” ese ha sido el tipo de frases escuchadas unos años atrás cuando hablabas de la presión de los jugadores.
Pues bien esa presión (que por cierto, ahora si se trabaja desde los cuerpos técnicos) puede echar al traste el trabajo de toda una temporada. La presión es como una boa constrictor, esas que te van “abrazando” y te van dejando sin respiración, algo así pasa con la presión. La presión hace que una deportista con mayúsculas como Simone Bale abandone unos JJOO, la presión hace que un jugadorazo como Eden Hazard no haya podido demostrar su verdadero nivel en un equipo como el Real Madrid, la presión hace que Carolina Marin se rompa las dos rodillas y no pueda participar en unos JJOO donde era la máxima favorita al oro. La presión hace que un jugador como Andrés Iniesta se plantease no ir a la convocatoria de la selección española en Sudafrica…, si, correcto, esa selección que se proclama campeona del mundo con un gol del propio Andres, y podría enumerar miles de ejemplos. Pero me voy a ir al último acontecimiento en el que creo que la presión ha tenido que ver en el resultado del partido y me estoy refiriendo a la inesperada derrota del Real Valladolid en casa en la última jornada que le supone un descenso en sus posibilidades de estar directamente en la élite del fútbol español.
Varias circunstancias me hacen pensar que la presión influyó en los jugadores de tal manera que perdieron un partido vital para ellos. Jugaron el lunes conociendo los resultados de sus rivales directos, tanto UDA como Eibar que habían ganado sus respectivos compromisos ligueros lo cual exigía una victoria a los pucelanos para seguir en la brecha.
La presión provoca en los jugadores errores impropios de su nivel, pérdidas de pases sencillos, nerviosismo, alteración emocional, reproches al arbitro, sensación de que el tiempo pasa más deprisa de lo normal…., todo este “batiburrillo” se mezcla en la cabeza de cada jugador y provoca un cóctel explosivo que se traduce en una disminución del rendimiento y por ende mayor posibilidad de encontrarte con un resultado adverso.
Algo similar le ocurrió a la UDA el lunes anterior frente al Sporting de Gijón con la única diferencia de que un gol de Curro Sánchez a última hora “salvó los muebles” de un partido que costó mucho ganar porque “queríamos meter el segundo gol antes que el primero”.
¿Cómo puede llegar a controlarse esta presión que tanto minimiza el rendimiento del jugador? Efectivamente, trabajándola, trabajando el aspecto mental del deportista, trabajando el aspecto mental del equipo, así como la experiencia, encontrarte en estas situaciones en anteriores ocasiones y haberlas superado genera un clima de confianza en el jugador que favorece el buen rendimiento aun cuando la presión es muy alta. Como gran parte de los resultados que obtenemos en nuestro día a día nada se da por casualidad y todo necesita trabajo, trabajo y más trabajo.
Rubi ya ha pasado por esta situación, tiene experiencia con equipos que han ascendido de categoría y el discurso durante la temporada ha sido siempre ejemplar tanto en las victorias como en las derrotas, foco en los jugadores cuando se ha ganado, foco en él mismo cuando se ha perdido quitando así presión al colectivo, responsabilizándose de los errores de cara al público (aunque estoy seguro de que la semana después de una derrota se han analizado las causas y se han puesto a trabajar con el colectivo para que no se volvieran a repetir los mismos errores, sin señalar culpables y solo por mejorar las prestaciones de la semana anterior).
La presión necesita que la mente se oxigene, que tome otra perspectiva, que “respire” que no se deje apresar por esa boa constrictor, pero todo eso necesita estar preparado, trabajado, para cuando llegue el momento poner esas estrategias al servicio de la persona y del equipo para que el viento sople a favor y el resultado en el marcador sea beneficioso para los intereses del grupo.
Veo a los jugadores de la UDA muy “metidos” en una buena dinámica, convencidos, fuertes mentalmente hablando y eso no se consigue si no se ha trabajado previamente estas circunstancias. Espero que esto se traduzca en resultados positivos para el equipo y que se consiga el tan ansiado objetivo del ascenso.
Y tú ¿qué piensas sobre este tema? Me gustará leerte.




