
Noticias descatadas del Deporte Almeriense
Alberto Cerezuela reconstruye en un episodio especial la historia de la joven de 18 años asesinada por su expareja durante una verbena de alta sociedad, un suceso que quedó eclipsado por otros crímenes de la época pero que la memoria familiar ha mantenido viva.
La Almería de los felices años veinte, con su elegancia, sus salones y su brillo social, también tuvo su lado oscuro. Alberto Cerezuela lo demuestra en un nuevo capítulo de ‘La Ruta del Misterio’, donde rescata un crimen que conmocionó a la ciudad en julio de 1926 y que, sin embargo, ha permanecido casi olvidado en las hemerotecas. El programa reconstruye con detalle el asesinato de Adriana García Pérez, una joven de 18 años asesinada a tiros por su expareja, Emilio Nieto Salazar, durante una verbena en el Casino de Almería.
La noche del 24 de julio de 1926, el Casino de Almería, entonces ubicado en el Boulevard del Príncipe (actual Paseo de Almería), celebraba una verbena de alto standing reservada a la élite económica y política de la ciudad. Adriana, hija de un concejal del Ayuntamiento, acudió acompañada de su madre. En el mismo salón se encontraba Emilio Nieto, un estudiante de Medicina de 22 años perteneciente a una familia acomodada, que llevaba semanas obsesionado con la joven tras su ruptura. Los celos y el rechazo desencadenaron la tragedia.
Tras una discusión y después de ver a Adriana bailar con otro joven, Nieto abandonó el casino, se dirigió a su domicilio en la calle Real y regresó con una pistola. Sin mediar palabra, disparó contra Adriana dos veces. El primer proyectil le atravesó el abdomen; el segundo penetró por el ombligo. El padre de la joven intentó detenerlo con su bastón y recibió dos disparos en el brazo y la muñeca, aunque sobrevivió. Adriana falleció poco después en la Casa de Socorro. El asesino fue detenido cuando intentaba huir.
El juicio, celebrado en octubre de 1927, reveló detalles escalofriantes de una relación tóxica que había comenzado cuando Adriana tenía 14 años. Testimonios confirmaron que el acusado la sometía a un control obsesivo: no podía llevar falda corta, vestidos ajustados ni cortarse el pelo. Llegó a pellizcarla en público dejándole moratones que la joven ocultaba con manga larga. Adriana había intentado romper la relación en múltiples ocasiones y había recibido amenazas de muerte. Una carta escrita por ella un año antes del crimen, presentada como prueba, era devastadora: «Dios ha hecho esto para que el día de mañana no se hagan dos personas desgraciadas».
La defensa intentó argumentar que los disparos fueron accidentales o que el acusado sufría enajenación mental transitoria, pero los peritos armeros confirmaron que la pistola funcionaba correctamente y que los facultativos declararon que el procesado era plenamente responsable de sus actos. La sentencia lo condenó a 17 años, 4 meses y un día de prisión por asesinato consumado, además de penas menores por los disparos al padre y por tenencia ilícita de armas.
Tras cumplir condena, Nieto terminó la carrera de Medicina, se instaló en Lanjarón, donde ejerció como médico hasta el final de sus días, se casó y tuvo una hija. Incluso tiene una plaza que lleva su nombre en esa localidad. La familia de Adriana, sin embargo, vivió con la fractura. Su madre conservó el mantón de Manila que la joven lució aquella noche, con las manchas de sangre, como una reliquia doméstica del dolor. El mantón pasó a manos de otras familiares y viajó en barco a Sudamérica, pero el vapor naufragó en el Atlántico y la última prenda que conservaba la sangre de Adriana descansa hoy en el fondo del océano.
El programa incluye el testimonio de una sobrina de la víctima, también llamada Adriana García, que aportó detalles inéditos de la historia familiar. Recientemente, la Junta de Andalucía en Almería ha colocado una placa conmemorativa en el edificio que albergó el antiguo Casino, hoy sede de la Delegación del Gobierno, recordando a Adriana García Pérez. El espacio, no abierto al público, es uno de los grandes tesoros ocultos de Almería, con frescos en el techo donde aparecen representadas varias niñas. Sobre él circula la leyenda de una pequeña que cayó por el hueco de la escalera mientras observaba un baile, y algunos trabajadores aseguran haber sentido presencias o escuchado música de fiesta que cesa al abrir la puerta. La historia, la memoria y el misterio se dan la mano una vez más en Almería.




