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‘TRAS EL PASO’: programa del jueves 14 de mayo (14-05-26)

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Porque solemos pensar que esperar es quedarse quieto. Cruzar los brazos. Mirar al cielo… y confiar en que todo suceda por sí solo. Pero la vida nos enseña otra cosa. Y la fe… también. Esperar no es detenerse. Esperar es seguir avanzando… incluso cuando todavía no ves la meta.

Es confiar… pero también trabajar. Es creer… pero también perseverar. Es tener la certeza de que algo bueno puede llegar… y poner cada día de nuestra parte para hacerlo posible. Eso es la espera activa. La que vivieron los discípulos. Sabían que Jesús había prometido que no los dejaría solos. Sabían que algo grande estaba por llegar.

Pero no se quedaron inmóviles. Permanecieron unidos. Reunidos. Orando. Preparando el corazón. Esperaban… sí. Pero esperaban viviendo. Y quizás eso también nos habla directamente a nosotros.
Porque todos esperamos algo. Un sueño. Una oportunidad. Una respuesta. Un cambio. Un nuevo comienzo.

Y a veces pensamos que basta con desearlo con fuerza. Que basta con tener fe. Pero la fe verdadera nunca es pasiva. La fe se arremanga. La fe se levanta temprano. La fe insiste cuando no hay resultados inmediatos. La fe trabaja en silencio. Paso a paso. Sin hacer ruido. Sin rendirse.

Porque quien de verdad cree… también actúa. Y así es el camino. A veces será fácil. Habrá tramos llanos, donde todo parece encajar. Y caminar será casi un regalo. Pero otras veces el sendero se empinará. Llegarán las piedras. El cansancio. Las dudas. Y entonces comprenderemos que avanzar no consiste en no sufrir… sino en seguir adelante a pesar de todo. Dejándonos acompañar. Aprendiendo de quienes caminan a nuestro lado. Aceptando que no siempre tendremos todas las respuestas. Y descubriendo que, incluso en el esfuerzo, también hay belleza.

Porque el camino no es solo llegar. Es aprender. Es crecer. Es caer y levantarse. Es sufrir, sí… pero también disfrutar. Disfrutar de los pequeños logros. De las personas que nos sostienen. De la paz que nace cuando sabes que estás haciendo lo que debes. Y eso… también es fe. Saber que lo que merece la pena exige tiempo. Exige constancia. Exige paciencia. Pero que todo esfuerzo, cuando está sostenido por la esperanza, termina dando fruto.

Nos acercamos a Pentecostés. A ese momento en el que el Espíritu Santo vendrá a llenar de fuerza los corazones. Pero mientras llega… seguimos preparándonos. Seguimos caminando. Seguimos trabajando por aquello que anhelamos. Con la certeza de que Dios actúa. Pero también con el compromiso de poner nuestras manos, nuestro esfuerzo y nuestro corazón.

Porque los milagros de Dios… muchas veces… comienzan con un paso valiente de nuestra parte. Y aquí, en Tras el Paso, seguimos caminando contigo. Aprendiendo que esperar no es quedarse quieto… sino vivir cada día con fe, con constancia y con la alegría de saber que lo mejor… siempre está por llegar.

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