
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Tres mil ochocientos. Ésos fueron los espectadores que, según los datos del club, vieron el miércoles el partido entre la Unión Deportiva Almería y el cuarto clasificado en Primera División, el Celta de Vigo.
Siendo generosos, casi 4.000, de los 11.000 que en agosto sacaron su abono con la esperanza de pasarlo bien este año con el fútbol. ¿Qué ha pasado desde entonces? La crónica de lo sucedido variará bastante, es de suponer, en función de quién sea el que lo cuente. Pero básicamente, lo incuestionable e incontestable es que la gente se ha ido pitando del Estadio de los Juegos Mediterráneos.
Unos se habrán ido por el frío, otros por el calor, algunos por el mal juego, otros porque el Almería no gana casi nunca, alguno he oído que porque aburre hasta a las más intrépidas ovejas, e incluso puede que haya quien se haya marchado porque ya no soporta tanta diversión y alegría sobre el terreno de juego.
El caso es que Alfonso, ese presidente que, cuando no le gusta algo en una emisora de radio, en lugar de aclararlo, directamente veta la asistencia de sus jugadores a esos micrófonos, ha ido poco a poco quedándose solo; un estado que no estoy yo seguro que no sea en el que más le gusta estar.
De 11.000 a 4.000 en apenas tres meses. No me negaréis que estamos ante todo un récord. Un récord que, ni tan siquiera, ha levantado en Alfonso García la más mínima inercia hacia la autocrítica.
Ayer escuchábamos, desternillados cual emoticono en Twitter de Piqué, a Florentino Pérez hacer una vez más el ridi al explicar que la culpa del choteo que ha provocado su equipo en Cádiz, alineando a un futbolista sancionado y provocando que este año en los Carnavales no se vaya a hablar de otra cosa, no es del Madrid, ni de que de los cientos de empleados que tiene ninguno haya caído en la cuenta de la sanción, sino que es de la Federación y del Villarreal, equipo en el que estaba cedido el jugador la pasada campaña, que no le han avisado.
Es de suponer que, acto seguido, Florentino se habrá fumado un puro.
De una forma u otra, me recuerdan mucho ambos personajes. Me recuerdan sobre todo en la ausencia total y escandalosa de autocrítica. ¿Alguno habéis escuchado a Alfonso García decir alguna vez aquello de ‘me he equivocado’?
No sé, pero quizás con el equipo último en la tabla, con cinco puntos sumados de los últimos 18 posibles, sin que ni los más avispados del lugar sepan a qué demonios juega y 7.000 tíos guardándose en el bolsillo el abono que han pagado y pasando de ir a ver al club de sus amores, no sería mala idea reconocer alguna culpa.
Yo soy un tipo confiado. A estas alturas, estoy seguro de que Alfonso está en su despacho, escuchando Radio Marca Almería y pensando en cómo pedir disculpas a la afición por la sucesión de deposiciones que ha encadenado desde agosto. Ya veréis.




