El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Resulta curioso, a la par que entretenido, observar cómo a la llegada de Soriano al banquillo del Almería han surgido, como novias de famoso que va a programa nocturno, todo tipo de expertos en la interpretación tanto de la situación en general como de lo que viene siendo en sí el propio Soriano. Sorianólogos, podríamos llamarlo.
Escuchaba ayer a Manolo Serrano, en la Tertulia del Minuto 92, aquí en Radio Marca y en Lamarca Gregorio Marañón, decir que lo bueno de la llegada de Soriano al banquillo es que se ha creado una piña con los jugadores. Flipé un poco en colores, porque me parece una conclusión muy gruesa para tan sólo 30 minutos de buen juego y una victoria, después de 60 de espesor balompédico.
Otros de nuestros tertulianos, como Juanjo Soler o el kaluchista Alejandro Asensio, se afanan en explicar lo que Soriano pretendía con la presencia de Jonathan Zongo en la alineación del pasado domingo: que si desgastar al contrario, que si cubrir las subidas por banda de Tximo, que si aportar potencial físico. Todo muy técnico, táctico y estratégico, para explicar una soberbia cagada que el bueno de Fernando tuvo la agilidad de rectificar en la segunda mitad, justo para que el partido cambiara de signo y se le empezara a poner de cara al Almería.
Y luego están los que se han lanzado como locos a la calle para proclamar que el Almería tiene otro aire, que Soriano ha traído la paz al vestuario, la confianza a hombres como Chuli o Kalú y la armonía de los que no juegan.
Paparruchas, por utilizar un término moderno. La paz me gustaría a mí verla cuando lleguen las derrotas; la confianza de Chuli ya la vi yo en el primer mano a mano que le regaló al portero del Oviedo; y la armonía de los que no juegan quiero yo comprobarla cuando hayan pasado diez partidos sin jugar.
Es pronto, amigos. Sé que el fútbol no tiene memoria ni paciencia, pero es insultantemente pronto para saber lo que ha traído Soriano al vestuario, al equipo o al club.
De hecho, quizás lo único que yo me atrevería a decir que ha traído Soriano es sinceridad, dentro de lo que cabe. Al menos ayer fue sincero, reconociendo por primera vez este año por parte del club que con Fatau pasa algo que va más allá de un mero descarte deportivo.
Eso sí es algo patente. De hecho, hasta ahora, Fatau contaba una barbaridad para todos. Vamos, que era pieza clave.



