Alejandro Asensio

Un amigo

Qué bueno es tener amigos en la vida. Esas personas que te tienden la mano y te hacen sentir cómodo. Gente con cuya compañía eres tú, sin dilaciones, sin compromisos. Situaciones en las que puedes decir y hacer lo que quieras. Si es que la amistad no tiene precio. Dicen que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Debemos ser dorados a estas alturas. Vamos repartiendo amistad por donde quiera que pisamos.

Decían las previas que al Reus le costaba ganar, en pretérito imperfecto, porque el presente y quién sabe si el futuro firmará páginas diversas. ¿Qué hubiese sido de aquel Cádiz en caída libre si no se hubiese topado con el Almería? ¡Ay, Álvaro Cervera, cuánto nos debes! Si es que quien es bueno es así y no puede dejar de mostrarlo. Ahora los catalanes podrán mirar hacia arriba y, posiblemente, tenga incluso opciones de engancharse al carro de la esperanza.

El Almería desplegó en tierras catalanas su versión más afable, con cariño a raudales y sonrisas de mil colores. Un equipo suave, aterciopelado. Una defensa simpática, que pone la alfombra roja a los delanteros rivales para que se sientan cómodos. ¿Qué sería la vida sin estos detalles? Si viene un centro desde la izquierda —¿de dónde sino?— y bota varias veces dentro del área; pues lo dejamos pasar para que nuestro amigo y delantero rival adelante a su equipo. Los minutos que restan, pues que el Reus se eche atrás y se asome al balcón de vez en cuando. Que corra el tiempo.

Y qué decir de los dientes, esos que no enseñamos por no herir sensibilidades. Si es que la cara es el espejo del alma, y la UDA debe ser un osito amoroso. Si tenemos un remate plácido al final del partido para igualar el marcador delante del portero rival, pues se lo estrellamos en los pies. Total, se respiró la tragedia en el feudo local y eso ya fue hacer mucho daño. Hay que dejar amigos donde se vaya.

Tranquilidad, que esto es muy largo. Todavía quedan… ¡anda, que no, que ya solo quedan diez partidos! Bueno, 3×10=30, y 37+30=67, a mí me siguen saliendo las cuentas. Entramos en liguilla de ascenso. Lo malo, la cantidad de amigos que vamos a perder en este tramo final. Y es lástima, sería echar por tierra todo el trabajo de estos últimos cuatro años. Bueno, pensándolo mejor, vamos a dejar todo para la última jornada, que seguro que el Lugo ya está salvado y Francisco ya habrá olvidado lo de la escalerilla del avión. Que cada uno entienda lo que quiera y como quiera.

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