RadioBlog: Minuto 92

El botellazo y otras mamarachadas

El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru

Perplejo he quedado, después de la reacción del fútbol español al tema del botellazo de Mestalla. Hasta ahora, cuando un rebañapailas tiraba una botella a un campo de fútbol, le diera o no a su objetivo, nadie se paraba a analizar el porqué de una cagada de tal calibre.

Ahora resulta que, como el alcanzado ha sido Neymar, que es un tipo al que le gusta ser la salsa de todas las ensaladas, hay que perder la perspectiva y analizar si el brasileño contribuyó o no con su comportamiento a que el denegerado en cuestión la sacara en el momento más inoportuno, dispuesto a miccionar a varios metros alejado del tiesto.

A la corriente en cuestión se ha sumado, por supuesto, un sector de la prensa, lo cual no sorprende a nadie, pero incluso, lo cual es mucho más grave, también el presidente de la Liga de Fútbol Profesional y el Comité de Competición, afeando la conducta de los jugadores del Barcelona.

Ignoro y no me interesa en absoluto lo que Neymar o cualquier otro futbolista pudo hacer antes de que le cayera la botella. En todo caso, estoy convencido de que lo que hicieran no será ni comparable a lo que anduvieran escuchando, procedente de la grada, durante todo el partido.

Desviar la atención, a la hora de condenar, del tipejo o tipejos que son capaces y tan cobardes como para tirar una botella desde una grada, amparándose en la multitud y sin reparar si la acción va a conllevar un rato de dolor o incluso la muerte de un futbolista, es ya la última gilipollez que me quedaba por escuchar en esto del fútbol.

A mí, repito, Neymar no me gusta; de hecho, una vez que se marchó ya su amigo Alves, sin duda es el futbolista que menos me gusta de los jugadores del Barcelona, aunque también tengo claro que se le mide con un rasero muy diferente a cualquier jugador. Es más, las polémicas que se generan cuando decide hacer una rabona o un sombrero, me parecen tan absurdas como estériles.

Pero más allá del personaje en cuestión, y como quiera que no lo he visto nunca agredir a nadie, creo que hemos entrado en la peligrosa dinámica del tonto del pueblo, que cuando alguien señalaba con el dedo a la luna, él se quedaba mirando al dedo.

Amigos míos, aquí el problema no es que un jugador sea más o menos elegante celebrando un gol. Aquí el problema es que a los campos siguen entrando tarugos cuya intención es lanzar una botella, un cochinillo o una edición facsímil de las Novelas Ejemplares. Y la culpa, la responsabilidad de que ello siga sucediendo, es de los clubes y de la organización que los reúne que es la Liga de Fútbol Profesional, cuyo presidente tiene ya los pies negros de tanto sacarlos del tiesto.

Pero digo más: es que si nos fijamos en las categorías de cantera, la cosa es aún mucho peor, porque sin que nadie haga nada, todas las semanas se suceden, en los campos de fútbol, peleas, provocaciones, tánganas y trifulcas de todo tipo, con gente que tira piedras desde la grada, jugadores que saltan vallas del campo para agredir a aficionados, equipos que se lían a mamporros a cascoporro y un espectáculo que a los dirigentes de la Federación y de los propios clubes les debería hacer perder la cara de vergüenza, si la tuvieran.

Desgraciadamente, un campo de fútbol es, hoy por hoy, un lugar muy poco recomendable para acudir en familia o con tus hijos. Y de eso no tiene la culpa Neymar ni mucho menos. Los culpables de todo ello suelen vestir traje y corbata y lucir unas panzas en las que cabrían diez o doce ‘Neymares’.

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