
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
No lo voy a ocultar, porque tampoco nunca lo he ocultado: le tengo a la ciudad de Barcelona un cariño muy especial.
Barcelona representa, me representa una sociedad abierta, un mundo cosmopolita, me representa turismo, emprendimiento, ojos abiertos, capacidad de crear, ganas de de saltar.
El pasado lunes, tuve la enorme suerte de pasear por esas Ramblas hoy teñidas de luto y sangre, de disfrutar del único restaurante oficial NBA que hay en España, de recorrer el Nou Camp justo el día después del triunfo allí mismo del Real Madrid, de disfrutar con la hospitalidad de los barceloneses, de ver mil y una nacionalidades y razas en el mismo palmo de terreno, de llamar la atención de mis hijos sobre los kioskos de flores, de asombrarnos por la vida y la agitación de esas Ramblas, de abrir los ojos ante la majestuosidad de sus avenidas, surcadas por ejércitos de bicicletas perfectamente ordenadas en sus carriles bici, de dejar pasar un instante de admiración ante la espectacularidad de la Sagrada Familia, de disfrutar, en fin, con millones de detalles que adornan una ciudad del mundo.
A Barcelona, a Cataluña, a Andalucía, la han apuñalado ayer, esperando cobardemente un desangramiento lento y progresivo.
Pero se han equivocado. A veces, a los seres humanos nos hace falta el dolor para comprender que nos unen muchas más cosas que las que nos separan.
Y todos nos hemos unido alrededor de las Ramblas, de la Diagonal, del maravilloso Barrio de Gracia, del Puerto Olímpico, de Mojuic y el Tibidabo, de la estatua de Colón y la Sagrada Familia, del Parque Güel y del Nou Camp.
Es por todo esto que soy pesado, que me empeño una y otra vez, desde hace tres años desde estos micrófonos y antes en otros foros y espacios, como mi Diario Ideal, en luchar y trabajar porque el deporte sea ese instrumento de unión, de concordia, de educación, de colaboración, de solidaridad y de compañerismo, al que le esté absolutamente vetada la entrada a todo tipo de violencia.
Ayer, España y el mundo entero se unieron en torno a Barcelona y, con ellos, el deporte, los clubes de todas las ciudades, los deportistas de cada una de las disciplinas que nos pasan por la cabeza.
Esta mañana, al abrir el armario, instintivamente he buscado algo de ropa que llevara, impregnado, el aroma a Barcelona.
Porque hoy, más que nunca, todos somos Barcelona.




