Alejandro Asensio

Tortillas, culpables y otros despropósitos

 

Esto es lo de siempre. El fútbol tiene una serie de tópicos que parece tener que repetir en función de las circunstancias. Ahora toca hablar de huevos. Ramis y Gaspar parecen tener necesidad de elaborar una tortilla y tiran de su ingrediente principal para satisfacer al personal.

Yo no quiero que pongan huevos en el campo, básicamente porque esto es precisamente lo que menos se necesita para ganar un partido. Yo quiero fútbol y, si al aspecto actitudinal hemos de referir, algo de pasión. Competir, eso sí. Tortillas; en la cocina. Este equipo pierde por inercia. Una inercia que no viene del banquillo sino de sus arterias. Algo falla y mantiene envenenado el ambiente.

Ahora vendrán los de siempre, los que siguiendo al pie de la letras los tópicos del fútbol culpan al entrenador de todos y cada uno de los desastres. No, Ramis no es culpable. Igual que no lo fueron otros que también sufrieron el desasosiego del banquillo almeriense. Puedes poner a quien quieras, al mejor del Mundo, que no va a arreglar la situación. Se acabará dejando llevar, como lo hacen todos, al ver que esto no tiene arreglo aparente.

El Juegos Mediterráneos no pide la cabeza de Ramis. Ante el Cádiz, en otro despropósito hecho fútbol donde un equipo que hizo dos tiros a puerta venció a otro con solvencia, la parroquia almeriense se volvió al palco. Es la segunda vez que lo hace en pocos meses. Sabe, por fin, que ahí anda el problema. Y que no vengan ahora los de que “si se va, ¿quién viene?”. Prefiero dignidad y humildad que vergüenza tras vergüenza. Ya está bien de vivir anclados en el complejo de inferioridad.

Pero el culpable es Ramis, claro. Bueno, y Fidel. Que es que no corre. Que es que no lucha. Que es que, que es que y que es que. Atacar de forma indiscriminada a un jugador que está haciendo una temporada gris es injusto teniendo en cuenta que la totalidad de sus compañeros también se mueven en esos términos. Fidel, junto a Pozo y Tino Costa, son la única diferencia que presenta a día de hoy este equipo en fútbol, con todo el significado de esa palabra.

Y lo vuelvo a decir, este equipo, esta plantilla, tiene mimbres para estar arriba. Lo único que
le falta es la competitividad que se logra sin apatía, y esta última no viene del césped ni del
banquillo. Mucho menos del banquillo.

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