
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
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Es la sensación que nos invade hoy a todos, la sensación del abismo, del borde del precipicio, de ver todo perdido. El Almería hizo ayer un pésimo partido ante un rival que realmente no tiene absolutamente nada del otro mundo, afronta la última jornada en zona de descenso y necesitando ganar en Lugo y que no lo haga alguno de los cinco equipos que tiene por delante, de los cuales cuatro se enfrentan a rivales que no se juegan nada.
Lo voy a decir de otra manera, hoy por hoy, el Almería tiene muy pocas posibilidades de salvar la categoría, tiene más que pie y medio en Segunda B. Y ello no quiere decir, ni mucho menos, que haya que rendirse; sino todo lo contrario.
El cuadro rojiblanco necesita un milagro para que le salga bien, por tercera temporada consecutiva, el extremo riesgo de dejarse la salvación para la última jornada, en este caso con el agravante de llegar a dicho partido dependiendo de otros equipos.
Anoche, el presidente que hace quince días bajó a festejar el triunfo ante el Granada diciendo que la plantilla no era tan mala, anoche no quiso saber nada de nadie, se escondió, se perdió, huyó de los micrófonos para no tener que dar explicaciones a la prensa y, por lo tanto, a la afición.
Es la gran obra de Alfonso García Gabarrón, el hombre que nos quiere convencer de que esto, en caso de producirse, lo de salvarse en la última jornada por tercera temporada consecutiva, es un éxito
Anoche, en la casa de muchos almerienses, incluida la mía y la de todos los profes de Radio Marca Almería, se ha vivido una noche tremendamente triste, una noche aciaga de insomnio, de desazón, tristeza, decepción y cabreo.
Es evidente que esta semana hay que sacar fuerzas de esta flaqueza, las fuerzas que no ha sabido trasmitir el Almería con su gestión, para pensar en que todavía hay una pequeña esperanza.




