
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Si de algo ha servido el partido del pasado sábado en Lorca, además de para sumar tres puntos que no es que fueran importantes, sino que eran casi obligatorios, ha sido para plasmar una comparativa perfecta entre los que pasa cuando se colocan las cosas en su sitio y cuando lo que impera es más bien el desorden.
Dando por sentado de manera inamovible e incuestionable que poco le vamos a enseñar sobre fútbol a Lucas Alcaraz ninguno de los que hablamos, escribimos o ponemos nuestra geta delante de la cámara en los medios de comunicación, la verdad es que no termina de encajar bien el que también el granadino, como otros técnicos que antes pasaron por aquí, se empeñe en ocasiones en descolocar a su propio equipo.
La primera parte que el Almería hizo en Lorca, con trivote en el mediocampo y Pozo condenado una vez más al lugar en el que es incapaz de crear juego, fue un desastre, una vergüenza, un timo, una condena, un calvario, un martirio chino para todo el que ame el fútbol de la manera que sea. Los primeros 45 minutos fueron un peñazo, un pestiño absolutamente infumable desde cualquier punto de vista.
Lo fueron, incluso para Lucas, que en el descanso hizo algo tan poco habitual en él como en cualquier otro entrenador: hacer dos cambios de inicio. Dos cambios que le sirvieron para arreglar el desaguisado. No era tan difícil, ¿no?
Con los cambios, Lucas dejó en dos, y no tres, los pilares defensivos del mediocampo, recuperó una banda que estaba perdida dando entrada a Lass, que no está precisamente brillante, pero que nos llega para ser titular de sobra; pasó a Pozo a la zona de creación, que había brillado por su ausencia en el período anterior, y dio la oportunidad a un Caballero que, de momento, con sus ridículas cifras de goles (o de gol) de la primera vuelta, sigue siendo lo más parecido a un ‘9’ que hay por aquí cerca.
Resultado: el Almería no enamoró, no excitó, no provocó orgasmos colectivos en una grada en la que hacía un frío como para orgasmos. Pero ganó. Y ganó bien. Ganó dando sensación de equipo que sabe a lo que juega, todo lo contrario que en la primera parte.
Lo hemos dicho ya mil veces: de Lucas no esperemos la Brasil del 70 ni la Holanda de Cruyff, pero al menos habrá que exigirle al granadino que no caiga en los mismos errores, en los ataques de entrenador de sus predecesores.
Un simple vistazo a la trayectoria y el destino de éstos, basta para saber que no es lo más aconsejable.




