
Es verdad que no soy ningún anciano que cuente las batallas de su juventud. Es cierto que me falta mucho -muchísimo- y, sobre todo, sabiduría para argumentar con mis vivencias las opiniones que voy formando y quiero compartir. En cualquier caso, desde aquel día en el que compré mi abono para la recién nacida Unión Deportiva, siendo un niño, hasta hoy, he apreciado un cambio tremendo en una afición que poco a poco ha ido subiendo categorías.
Me vienen a la mente muchos momentos que me hacen reflexionar sobre el cambio que ha experimentado esta grada. Aquel partido ante el Motril, un líder indiscutible, al que el Almería fue capaz de doblegar para dar el paso definitivo hacia la liguilla de ascenso. Se hablaba de las 5.000 personas que poblaron el Juan Rojas como una cifra récord. ¡Qué tiempos!
Después llegaron momentos mejores, ya en Segunda, con aquel liderato inesperado y un encuentro ante el Rayo Vallecano a las 12:00 de un día lluvioso. No se nos olvida a algunos aquel tropezón de un radical del Rayo que le hizo caer, sin camiseta, varios escalones por la grada del fondo sur del Juan Rojas. Allí, con más de 10.000 espectadores, había una afición incipiente que, aun siendo todavía poco fiel, comenzaba a sentir unos colores.
Tampoco se me olvidará otra anécdota; el año del primer ascenso a Primera ya en el Juegos Mediterráneos. Yo portaba mi camiseta del Almería y salíamos de uno de los partidos de la recta final del campeonato. Ya nadie quería perderse aquello y muchos se apuntaban a última hora al carro. Al abandonar el recinto, un grupo de niños que había en la puerta, se sorprendió al ver que alguien llevaba la camiseta de la UDA. Sí, esto pasaba aquí hace una década. Hoy, son muchísimas las personas que vemos día a día llevando productos del equipo representativo de esta provincia.
Por eso, creo que es un ejercicio de madurez, uno más, el que hemos vivido tras el partido en Lugo. Si el curso pasado, esta afición invadió el campo tras una raquítica permanencia a pesar de contar uno de los presupuestos más altos de la categoría -creo que lo hubiese hecho esta vez también, muy a mi pesar-, en esta ocasión, supieron estar a la altura y recriminar al presidente, que no sé muy bien qué quería celebrar con la afición, la dejadez en la que tiene sumida al club.
Los días posteriores, en lugar de elevar los cantos al cielo en señal de alegría, se está haciendo balance de una temporada en la que se ha vendido mucho y fichado mal. Se han traído jugadores que no quiere nadie. Se han mantenido en la plantilla a futbolistas sin interés y se han llevado políticas de club que han abierto incluso más la brecha entre la Almería futbolística y el Almería. Por eso, ahora, esta afición está ejerciendo con madurez. Porque, aunque no lo creáis, nosotros, la grada, sí que hemos subido de categoría. De los palos, se aprende. Y estas situaciones, te hacen más fuerte.





