
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Un partido es poco para fijar juicios demasiado definitivos, demasiado sólidos. Lo que sí sé, después de haber visto al equipo y escuchado bastantes informes sobre su trabajo, es que es un entrenador.
No se trata, ya a estas alturas, de pasar facturas, pero la realidad es que el Almería ha adolecido de tal desempeño de funciones hasta la llegada de Fran al banquillo del primer equipo.
Soriano, que fue un buen jugador de fútbol, ha de trabajar aún para llegar a ser un entrenador. De momento tiene un título, pero ello dista mucho de convertirlo en entrenador. Y la verdad, la culpa no es suya, porque estoy absolutamente seguro de que voluntad le ha puesto, pero la experiencia es como la vejez: tan sólo se consigue con los años. Y Soriano ha demostrado no tener la suficiente como para considerarse un entrenador.
En cuatro días, Fran llegó al banquillo e hizo dos cosas: la primera, hacer que el equipo jugara a algo, tuviera un plan, con su objetivo, sus herramientas para conseguirlo y su estrategia para desarrollarlas; y la segunda, convención a los futbolistas no sólo de que podían, que es algo que no creo que hayan llegado nunca a dudar, sino de que él también puede conseguirlo.
Nunca es tarde para aprender y yo personalmente confío en que Alfonso García Gabarrón haya aprendido, aunque sea ahora, después de tantos años, una máxima absolutamente capital en el fútbol, en el deporte: que son los jugadores los que eligen a su entrenador y no al contrario.
Cualquier que se haya sentado en un banquillo y tenga un mínimo de capacidad analítica, sabrá a ciencia cierta que si los jugadores no quieren, el equipo no gana y el entrenador no llega ni a deshacer las maletas.
Por las razones que sean, que convendría analizarlas, los jugadores del Almería no han querido que Soriano triunfe en el banquillo de los Juegos Mediterráneos. Es evidente que los que el año pasado sabían jugar a fútbol no lo olvidaron de repente en agosto; y más evidente aún es que la pasada semana, más de repente aún, no recordaron el camino como por arte de magia.
No quisiera parecer un sabelotodo, pero tengo fundadas sospechas que las razones de esa falta de cohesión tienen mucho que ver con el título de este Radioblog: con el ser o no ser un entrenador.


