RadioBlog: Minuto 92

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?

El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru

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En la primera vuelta de este presente campeonato, a estas alturas, advertí que el Almería no había hecho gran cosa, que tenía tres victorias y diez puntos, tras ganar a tres rivales que iban a estar abajo a final de temporada. Es evidente que con el Sevilla Atlético y el Lorca no me equivocaba; del Nástic, que por aquel entonces ya había despedido a su primer entrenador y que desde entonces ha cambiado algo la dinámica, ya se verá: de momento es quinto por la cola.

El Almería tenía, por aquel entonces, después de los seis primeros partidos de Liga, diez puntos de 18 posibles. Pero, sinceramente, a mí no me terminaba de convencer lo que veía. Después de ello, el Almería ha estado en puestos de descenso y a coqueteado con ellos durante toda la primera vuelta.

Ayer, el Almería venció al colista, a un Sevilla Atlético aún peor del que vimos en la primera vuelta, un rival que tendría serias dificultades para mantenerse en Segunda B y que mostró síntomas algo más que peligrosos, en ocasiones casi cómicos, como un portero que atrapa la pelota con las manos tras una cesión, un técnico que niega el saludo a su jugador cambiado o un saque de esquina en corto en tiempo de descuento y perdiendo por 0-3.

Estos seis partidos de la segunda vuelta los lleva saldados el Almería con dos victorias, dos empates y una derrota, para un total de ocho puntos, dos menos que en la primera vuelta. Sinceramente, creo que hay razones suficientes para estar muy preocupados.

Ayer, algún aficionado del Almería cuestionaba los reparos que poníamos en nuestra crónica, en la web de Radio Marca Almería, al juego del Sevilla Atlético; nos acusaban de poner pegas a la victoria, de centrarnos en las carencias del rival en lugar de en las virtudes del Almería, a pesar de haber utilizado la expresión “darse un festín” en el titular.

Es la historia de siempre, la de quienes quieren hacernos ver lo blanco negro, quienes, no conforme con orinarnos, se empeñan en que digamos que está lloviendo; de quienes hablan con el corazón y piensan con los pies. Es la eterna historia que se resume en una genial frase de Chico Marx, en una película en la que, disfrazado de su hermano Groucho, le espetaba a una mujer; “Señora, ¿a quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?”.

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