
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
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Llegó a decir un día Míchel, en aquellos años 90, cuando aún era futbolista del Real Madrid, tras perder un partido, que lo peor no era perder de la forma en que su equipo lo había hecho, sino la cara que se te queda.
Es el mismo Míchel que esta semana, después de que su equipo rozara un nuevo ridículo, esta vez en Copa y ante un rival de inferior categoría, ha dicho, entre otras lindezas, que lo que nos pasa es que a veces vemos vestidos de jugadores de Primera División a algunos que no lo son.
Míchel, que ha tenido muchas sombras en su carrera, al fin y al cabo no deja de ser un tipo al que le han faltado pocas cosas por experimentar en esto del balompié y que, por tanto, no va a ir a Málaga ni a tragar sapos, ni a aguantar zánganos ni a poner paños calientes ante situaciones que no lo merecen.
Igualito a lo que pasa en Almería, donde llevamos una semana en la que a los que se nos ha quedado la cara que decía Míchel es a quienes seguimos y queremos al Almería, escuchando lo que hay que escuchar.
Es para que uno vaya inmediatamente a mirarse al espejo el haber escuchado a Corona decir que el Almería jugó, el sábado, los mejores 45 minutos de la temporada, que sirvieron justo para que certificase los dos puntos que lleva sumados, de los últimos quince posibles; u oír a Ramis decir ayer que lo tiene todo controlado y que está seguro de que el equipo va a ir “a mucho más”; o preguntar por el estado de salud de Tino Costa, que hace cuatro semanas al que no le vemos el pelo en una convocatoria, y escuchar que está “pendiente de evolución”; o peor aún, ver cómo se han lesionado ya cinco de los fichajes sobre los que ya dijimos en verano que llegaban tras mucho tiempo de inactividad competitiva y que ello los convertía en jugadores de alto riesgo de lesión, y comprobar cómo hay gente capaz de sostener que esa inactividad no es motivo para pensar que un deportista profesional tenga un mayor riesgo de lesionarse.
En realidad, la cara que se te queda es justo la de eso que quienes así se conducen, quienes así se expresan, quienes así se comportan, piensan que somos todos; efectivamente: tontos de remate. Y la verdad, tragándonos toda esta amplia colección de batracios que nos estamos tragando sin rechistar, la verdad es que tampoco merecemos un calificativo mucho mejor.



