
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Se cumplirá el domingo una vuelta completa desde que, en el pasado mes de agosto, el Cádiz visitó el Estadio de los Juegos Mediterráneos.
Mentirá quien diga que le gustó el Cádiz aquel día. Los almerienses nos marchamos del Estadio, ilusos nosotros, pensando que habíamos dejado ir vivo a un rival que, al final del campeonato, seguramente ocuparía puestos de descenso.
La realidad es que el Cádiz no jugó absolutamente a nada en Almería y se llevó un punto, un punto que olía a ‘la vida sigue igual’, un punto que no pronosticaba nada bueno para la temporada que despuntaba al alba, un punto, en definitiva, que nos devolvía a la cruda realidad de la temporada anterior y de un verano de fichajes, digamos por ser generoso, distraído.
Pero lo más grave de todo es lo que ha pasado en los demás partidos de la primera vuelta. Qué más quisiéramos, ahora, una vuelta después, habernos metido en la camiseta amarilla del Cádiz, haber tenido ese equipo ramplón que nos aburrió en aquella tarde de agosto, haber sumado lo que han sumado los de la tacita de plata.
Si convenimos que la plantilla del Cádiz es muy poco más de lo que era cuando militaba en Segunda B, es decir, hace apenas cinco meses, si no encontramos en el plantel amarillo jugadores de la talla de Fidel, Pozo, Chuli, Quique González o Antonio Puertas por poner algunos ejemplos, la pregunta es clara: ¿por qué ambos equipos están en las antípodas de la tabla?
La respuesta para mí es tan clara como el cachondeo institucional que se vive en el club. La respuesta es el banquillo. En Cádiz, su consejo de administración puso un equipo mediocre en manos de un entrenador experto, que sabe a lo que juega y lo que se juega. Y enfrente, el Almería le ha dado el equipo a un técnico que apenas había dirigido cuatro partidos en su vida y que ha demostrado sobradamente que no se sabe el camino.
Llamadme nostálgico, pero uno no puede dejar de pensar qué es lo que habría pasado en esta primera vuelta del campeonato si Soriano se hubiera ubicado en el banquillo visitante, en aquel primer partido, y Alvaro Cervera en el local… aunque sólo hubiera sido por error.




