
O referente social, que es lo mismo. Así se autodenomina la Fundación UDA -por fin presentada en sociedad- ante los medios de comunicación que cubrieron el evento. Y a mí, me gusta esa denominación. No es que me guste, es que llevo solicitando algo así mucho tiempo. Por fin, se muestra voluntad en darle forma al canal de conexión fundamental entre el entorno, Almería, y el club, la Unión Deportiva.
Aquella ya lejana fusión incompleta entre los dos clubes representativos, el Poli y el Club de Fútbol, despertó, de alguna forma, una ilusión renovada que, tras muchos años en fútbol profesional y seis temporadas en Primera; con victorias sorprendentes, futbolistas de altísimo nivel y una semifinal de Copa, desembocó en un club con una masa social de más de 10.000 abonados. Una cifra nada desdeñable para una ciudad que no llega a los 200.000 habitantes. El problema es que hoy día la desilusión ha impregnado cada rincón del Juegos Mediterráneos. Hay un problema que se debería afrontar.
Ir a los porqués, a la raíz del problema, debería ser esencial para una empresa, la UDA, que no puede mirar hacia otro lado. Entre la sociedad almeriense y, más concretamente, entre su fútbol, está creciendo un sentimiento de rechazo hacia el que debería ser su bandera deportiva ante el exterior. Parece una tontería, pero un club de fútbol puede mover montañas. Puede poner en el mapa a los lugares más alejados o llevar turistas donde antes no llegaban.
Suelo comentar donde me dejan que el Almería está “desconectado de su entorno”. Que da la espalda a su ciudad. Que no se comporta como un club profesional ante clubes amateur que trabajan día a día y que producen futbolistas que acaban volando al exterior. Que no cubre su función como un brazo cultura de la ciudad, como un eje de transformación social. Es por ello que ahora, una vez presentada la fundación y sus tres proyectos iniciales, debo confesar cierta ilusión. Espero que, de una vez, el Almería eche raíces en su sustrato y comience a dar frutos para y con los suyos. Que la ciudad sienta la UDA como algo suyo debe ser el primer objetivo. Es solo fútbol, lo sé, pero es mucho más que eso.
Hoy escribo desde Berlín, donde, refugiado de los -10 grados que en el exterior hacen al cielo precipitarse congelado y cristalizan la superficie del río Spree, sufrí los últimos minutos ante la Cultural como si la liga se acabase en ese partido. Es aquí, tras hablar con un cubano que, de alguna forma, reconoció mi acento sureño en la mientras hablaba en una cafetería y se interesó por mi lugar de origen, me aseguró conocer Almería por el fútbol. Es la grandeza de este deporte. Y a mí, no puedo negarlo, me despertó cierto orgullo.





